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M de Maestro Samperio

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M de Maestro Samperio

Maestro Samperio, literato trasnochador, faro de México

Cuando Guillermo Samperio se mudó a la colonia Narvarte, la Ciudad de México decidió convertirlo en farero oficial. Es obvio que el gobierno nunca le comunicó el meritorio nombramiento por miedo a que el escritor no lo aceptara, sabedor de lo poco afecto que es el Maestro a los asuntos burocráticos de cualquier índole. Teniendo en cuenta la posición estratégica de la delegación Juarez para el tráfico aéreo, se decidió que todos los aviones habrían de girar sobre el departamento de Samperio para enfilar correctamente posicionados el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Por la noche, desvelado por el arte, la luz de su estudio brilla con intensidad y lanza al cielo a través del tragaluz una señal inequívoca para los pilotos: ahí está el Maestro, ya estamos en casa, murmuran; y por el día, las nubes de humo de los cigarrillos del diúrnico y noctámbulo guían como una luminaria en mitad de la marea nocturna a los pilotos más despistados. Las aeronaves, como las gaviotas, tienen la costumbre de volar muy bajo después del atardecer, tanto que muchas de ellas apoyan el ala izquierda en la azotea del ingeniero literato para girar camino del aeropuerto; como es de suponer, las alas se van desgastando y hay aviones que tienen que mudarlas varias veces al año. Los orgullosos pilotos presumen con cada uno de los cambios de ala; primero, porque ellos no corren con el gasto y, segundo, porque se ha organizado una competencia para ver quién cambia más veces su ala izquierda de tanto posarla y dar vuelta sobre la azotea del Maestro Samperio. Los niños de la vecindad llevan con exactitud una relación de los horarios de aerolíneas y aviones para colgarse de ellos en el momento del giro, así evitan con perspicacia el hacinamiento del metro y el tráfico en los camiones. Relumbrando bajo el sol, los aviones provocan numerosos eclipses sobre el departamento, de modo que el despacho cultural se convierte en un lugar muy propicio para la lectura del tarot y otros asuntos astrológicos, pues los eclipses de sol son fenómenos muy bienquistos para estas disciplinas y bastante escasos, todo hay que decirlo, en cualquier otro lugar del mundo. Guillermo fuma barajando cuatro paquetes de cigarrillos, bebe café y toma cocacola día y noche para escribir cuentos, pero si descubre que de su pasión por la pluma depende el orden aéreo de la ciudad cambiará de costumbres instantáneamente, aunque sólo sea para ver la cara de desazón de políticos y servidores públicos cuando sobre el cielo de la ciudad de ciudades se amontonen los avioncitos oscuros, cual plaga de abejas sin enjambre y sin panal.

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