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K de Katún 8 Ahau

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Chichén Itzá

Me independicé de mis padres hace ya algunos años, y, con todo, pese al Atlántico y la diferencia horaria, hablo con ellos a diario a través del Skype. Qué le voy a hacer, también la independencia de México fue un proceso largo. Lo cierto es que soy más de dependencias que de independencias, aunque con cierto sonrojo tengo que admitir que casi siempre he hecho lo que he querido, ese es mi lado independiente. Y mis dependencias tienen más que ver con el amor que con otra cosa, las personas a las que quiero lo saben. Está claro que esa es una de mis debilidades. Lo que me recuerda uno de los textos de mi bienamado Ende que, como he dicho en otro lado, hace ahora medio siglo que comenzó su andadura como escritor infantil. Se titula Sobre la utilidad de las debilidades humanas. Ende se «independizó» de Alemania y vivió en varios países, entre ellos Italia, donde residió durante 15 años. A menudo los italianos le preguntaban que «por qué prefería vivir en ese paese de merda, como ellos lo llamaban, en medio de toda su corrupción, sus ladrones, su irremediable y perpetuo caos, en lugar de en Alemania, donde las cosas eran algo mejor en ese aspecto». Pues bien, esta es la respuesta del alemán, textualmente: «Si yo fuese un preso al que llevan a un campo de concentración –y por mi natural pertenezco siempre al grupo de los que se meten en un sitio así y no al de los que encierran a otros– y si casualmente tuviese aún un reloj de oro oculto en el cuerpo y mi guardia fuese un italiano, entonces yo intentaría acercarme a él y decirle por lo bajito: “Oye, tengo en casa siete niños menores de edad, todos pequeñísimos, y tengo una mujer que no puede vivir sin mí y una anciana madre que no deja de llorar. Y aquí tengo un reloj de oro, te lo doy si miras para otro lado y dejas que me escabulla.” El italiano con bastante probabilidad, se enjugaría una lagrimita, tomaría por supuesto el reloj y me dejaría escapar. Pero si mi guarda fuese alemán, no derramaría una lágrima, no tomaría por supuesto el reloj y me denunciaría a su superior por intento de soborno. Por eso, pese a todo, me encuentro más seguro en este país». ¿Tiene esto algo que ver con México y España? Y ahora que lo pienso, ¿por qué hablo más de la patria que dejé atrás que de la que tengo delante en mis llamadas crónicas mexicanas? Las fotos, sin embargo, son todas transatlánticas; ¿es acaso más rápido el ojo que el pensamiento? Pido un poco de paciencia, como he dicho antes, la independencia es un proceso largo.

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