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F de «¡me lleva la fregada!». Crónica 6

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F de «¡me lleva la fregada!». Crónica 6

Ahora resulta que abandono mi ciudad y sucede algo histórico: la mayor nevada en medio siglo (frente a esto el cambio de alcalde, la fusión de la única entidad financiera propia de la provincia y los múltiples cierres generados por la crisis que también tuvieron lugar en nuestra ausencia me parecen de menor importancia). Las fotografías que han llegado a mi correo han sido tan hermosas que casi, casi siento algo de nostalgia, ya se sabe: donde hubo lumbre, cenizas quedan. Hoy estoy ¡que me lleva la fregada!

 [fregada. f. Engaño. | de la fregada. 1. loc. adj. Malo. || 2. loc. adv. Difícil. || llevárselo a alguien la fregada. loc. Enojarse. || mandar a alguien a la fregada. loc. Despedir con desprecio o disgusto a quien importuna [DRAE: mandar a paseo]. || ¡me lleva la fregada! excl. que se usa para dar salida al enojo, véase chingada. || vete a la fregada. loc. ¡Fuera de aquí!]

Pero no porque me haya perdido la nieve sobre el puente romano. Esta noche he vuelto a dormir mal y durante todo el día me ha costado mucho trabajo escribir. Quizá también me ha costado porque el capítulo que estoy corrigiendo, a estas alturas del libro (fase terminal), ha decidido ponerse en huelga. Así que yo me he puesto a cocinar: fabada, ensaladilla rusa, cocido, consomé, pollo al ajillo, croquetas, y bizcocho. Aunque hubiese preferido acabar hoy el capítulo, durante el resto de la semana no tendré la excusa de tener que preparar el almuerzo, ¿no? Mañana no me muevo de la silla. Pero como es muy importante no dejar de escribir, aunque sea unas líneas al día (como dice el viejo proverbio latino), ahí les va esta entrada. Ahora partiré un cachito de mi bizcocho y, con algo de suerte, esta noche duermo y sueño con la nieve y quién sabe si con la solución perfecta para mi capítulo.

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Comentarios F de «¡me lleva la fregada!». Crónica 6

La forma más evidente de provocar un cambio (quién sabe si la única) es dejando un vacío. Cuando alguien se marcha, el vacío que deja provoca todo un caos de cambios a su alrededor. ¿Qué sucedería si uno se abandonara a sí mismo hasta convertirse en puro vacío, allá a donde vaya?
Vivo. Me lleno de experiencia y de saber. Todo cuanto aprendo se acumula en lo que soy. Con mi saber hago del mundo un espejo de mí mismo. Hasta que descubro que realmente en el espejo no hay nadie. Colapso. Sé que soy una singularidad gravitatoria. No tengo escapatoria posible en este mundo. Ahora el espejo soy yo, y todo a mi alrededor cambia.
Llamémosle X Llamémosle X 25/01/2010 a las 22:56

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