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D de durazno. Crónica IV

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D de durazno. Crónica IV

El número 1 ya se ha puesto al tanto del cómic mexicano, ha traído a casa La panza es primero, de Rius, el libro más divertido, convincente y aterrador que haya leído en mucho tiempo. Rius es el caricaturista más grande de México en palabras de Rius, y siendo como soy profana en el asunto lo doy por válido. La obra de Rius, según reza su página (http://rius.com.mx/) se divide en historia, naturismo, sexualidad, filosofía, religión, mexicanismo, ah, sí, y en “todo Rius”. En La panza es primero, a través de divertidas ilustraciones e historietas, y mediante el empleo didáctico de esquemas y citas, queda claro que fumar, beber, tomar café, desvelarse, comer mal como todo el mundo, sufrir la tensión propia de la vida moderna, practicar el sedentarismo, vivir en medios contaminados y antinaturales como son las ciudades, es la razón de las enfermedades del hombre. Y para combatir las enfermedades propone empezar por la comida, de ahí el título, que sacó de la frase que (y aquí cito la cita de la wikipedia) dijo don Vicente Guerrero: "Señores, este es mi padre, ha venido a ofrecerme el perdón de los españoles y un trabajo como general español yo siempre lo he respetado, pero la patria es primero". Rius se venga duro de los españoles, dice que fuimos nosotros los que hicimos que “el pueblo de bronce” cambiara sus costumbres vegetarianas y se diera a la comida basura, luego llegó el reinado estadounidense con sus hot-dogs, pero nada que los españoles no hubieran estropeado ya (¡Ay, a quién se le ocurre mudarse a México en el bicentenario de la independencia!). Nosotros, antes de conocer a Rius y sus dogmáticos y amables consejos (y como ya les he dicho dos o tres veces) nos propusimos uno de esos cambios radicales que, por supuesto, pasa también por la comida (¡la panza es primero!), pero con Rius le hemos puesto nombre, se llama vegetarismo, naturismo, o como quieran ustedes llamarlo y, al seguirlo, me siento orgullosa de devolverle a Rius como española una parte de lo que sus antepasados le quitaron. Así que seguimos una dieta mediterránea donde los melocotones se llaman duraznos. Pero no la dieta mediterránea de los cocidos con pringá, las morcillas y lomos embuchados de aperitivo, las fabadas y potajes con tocino. No, no esa clase de dieta mediterránea, que, entre otras cosas, es imposible de seguir aquí donde no hay tocino, jamón, morcilla de burgos ni queso manchego. La otra, en la que una está a punto de pasar hambre, pero no. Ya veremos si tenemos éxito . El caso es que hoy, después de que Laura y Enrique nos llevaran a conocer a un grupo de amigos maravillosos quisieron invitarnos a unos tacos y claro... tampoco es cuestión de rechazar una invitación, estamos haciendo amigos y esto del cambio de vida si uno se lo toma muy en serio... puedo provocar estrés, que, según Laura, es mucho peor que comer mal.

el 2

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