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Crónica 15. Ñ de España

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Crónica 15. Ñ de España

Querida Gloria Fuertes,

desde que leí Coleta la poeta, ha pasado ya mucho. Siento que te hayas muerto desde entonces porque me gustaría seguir leyendo lo que escribes, y estás demasiado lejos para mandárnoslo. No te llega internet. Me encantaría que fueras todavía viejecita para agarrar un autobús y poder verte en tu Madrid. Aunque para eso tendría que tomar antes unos tres aviones. Creo que me recibirías, no sólo porque voy desde muy lejos, sobre todo porque leía en voz alta tus libros cuando era chica (y no tan chica, que también escribes para grandes), y eso me da puntos. Te diría “soy sólo una mujer y ya es bastante”, y encima quiero ser poeta como tú, así que quiero creer que seríamos amigas desde ese instante y si no... pues seríamos amigas igualmente porque tú querías a los bichos de todas las especies. Pero no es de eso de lo que quiero hablarte hoy, Glorias Fuertes, sino de España, que rima con migraña. Gloria, te diría, España me araña. Y tú me responderías si no ha sido así siempre y con todos. Pero es que esta es la España que me ha tocado a mí... aunque qué te voy a contar a ti, que a los nueve años te pilló un carro, a los catorce te pilló la guerra y a los quince se murió tu madre –cuando más falta te hacía–, como bien explicaste en tu nota autobiográfica. Verás, cuando voy para allá, porque tengo que ir, la sangre tira mucho, mis amigos andan tristes. Y no se contentan con nada. Es por eso de la crisis. Que tiene que ver con el dinero, como todo y como nada. Y eso que ahora España gana, ¡seguro que nos has escuchado gritar desde el cielo!, pero los españoles perdemos, Gloria, perdemos, por mucho que ganen los políticos. Yo no creo en los políticos, ni en estos ni en aquellos. Creo en la gente, pero si lo vieras, Gloria, la gente tiene miedo de gritar el nombre de su tierra porque les parece que rima con “alimaña”. Sucede, Gloria, que a veces quiero ir y no puedo, no sólo porque esté muy lejos y no tenga dinero, es que el policía de la aduana me pone mala cara. Ahora vivo en México donde dicen que hay muchos y graves problemas; en secreto me han dicho la palabra narco y la palabra corrupción; aunque lo malo no quita lo bueno, hay muchas cosas de aquí de las que podemos aprender nosotros. A mí me gustaría que España sonara como cuando los mexicanos dicen ¡qué bonito es México! y se les cae la baba. Para mí España suena a cabaña, montaña, entraña, castaña, maña, hazaña y champaña. Y me gustaría que hubiera allí cómo vivir, aun cuando no pudiera vivir yo de esto de los libros. Y ya que somos íntimas, Gloria, y ya que estás donde estás (en ese sitio raro sin internet), ¿no podrías pedirle a alguno de los poderosos Quienes-sean de allá arriba que nos mande un milagro? Y no quiero lotería, sino una tierra feliz, libre, clara, de gente hospitalaria, sencilla y amable donde se pueda comer y caminar a gusto. Me comprometo, si esto pasa, a irme de merienda al campo de Villaharta y no escribir nunca más cosas tristes, a pesar de lo difícil que es “sentarse al sol sin echar una lágrima”.

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